Ella está de pie junto a la cama.
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Sus manos cuelgan a los lados. Los dedos rozan el borde del vestido rosa.
Él está de pie frente a ella. Sus pies, con calcetines blancos, se clavan en la alfombra.
La mano de ella se levanta. Sus uñas largas tocan la manga de su camisa.
Los dedos se cierran sobre la tela. Tiran suavemente.
Ella da un paso atrás. La cama está ahora detrás de sus piernas.
La mano de él sube. Su palma se apoya en su cintura.
Ella se deja guiar. Se sienta en el borde de la cama.
Las puntas de sus zapatos de tacón no llegan al suelo.
La mano de él permanece en su cadera.
La otra mano de ella busca la suya. Sus dedos se encuentran sobre la tela del vestido.
Ella retira la mano de su cadera. La lleva hacia abajo.
La coloca sobre su propio muslo, sobre la seda del vestido.
Allí la deja.
Él se acuesta sobre la cama. Su cuerpo se hunde en el colchón. Sus manos caen a los lados. Las palmas quedan abiertas.
Ella sigue sentada en el borde. Su mano derecha se apoya en el colchón. La izquierda se queda en su propio muslo.
La mano derecha de ella se mueve. Los dedos caminan sobre la sábana. Avanzan hacia él. La mano llega a su brazo.
Los dedos de ella recorren su antebrazo. Suben hasta el hombro. La mano izquierda de él permanece inmóvil. Yace junto a su cadera.
Su mano derecha sí reacciona. Se eleva desde el colchón. La palma busca la de ella. Sus dedos se cierran sobre los suyos.
Ella no retira la mano. Su brazo derecho ahora está tenso. Conecta sus dos cuerpos. Su mano izquierda se levanta del muslo.
La mano izquierda de ella alcanza su rostro. Los dedos tocan su sien. Deslizan hacia su cabello. Lo acomodan sobre la almohada.
Él gira la cabeza hacia su mano. Su mejilla roza sus nudillos. Sus dedos aún sostienen los de su otra mano. Aprietan un poco más.
Ella deja su mano izquierda en su pelo. Su mano derecha sigue atrapada en la de él. Su espalda está recta. Mira hacia abajo.
La lámpara sobre la mesilla proyecta una sombra. La sombra de sus manos unidas cae sobre la sábana blanca. No se mueve.
Ella se inclina hacia él. Lo hace desde el borde de la cama. Él sigue tumbado. Su espalda está contra el colchón. Sus ojos siguen el movimiento de ella. Su pelo claro cae hacia un lado. Forma una cortina entre su cara y la lámpara.
La luz cambia sobre el vestido rosa.
Ella se detiene. Su rostro queda a un palmo del de él. Sus cuerpos no se tocan. Solo el aire tibio de la respiración. Él no mueve los brazos. Ella no lleva sus manos a su sitio. Los minutos pasan así. El teléfono sigue sobre la sábana. La pantalla está oscura.
Esto fue lo que sucedió sin un solo gesto:
Luego, ella cierra los ojos. Es un parpadeo largo. Cuando los abre, algo se ha decidido. Su cuerpo se tensa para el siguiente movimiento. La línea de sus hombros se endereza. El tacón vuelve a encontrar el suelo. Ella empieza a levantarse. No usa sus manos para impulsarse. Solo la fuerza de sus piernas. Él observa el proceso. Su cabeza no se aparta de la almohada. Espera.
Ella se pone de pie sobre la cama. Sus tacones se hunden en el colchón. Sus piernas se abren a la altura de sus caderas. Mira hacia abajo. Él permanece acostado. Sus manos blancas descansan sobre la colcha.
Ella baja el cuerpo. Sus rodillas se flexionan. Se deja caer sobre él. Su peso lo recibe. Sus nalgas se posan en su vientre. Su falda rosa se arruga alrededor de sus muslos.
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Sus manos se extienden. Sus palmas se apoyan en el colchón, a cada lado de su cabeza. Sus dedos con uñas largas se entierran en la tela. Su pelo claro cae sobre su rostro. Él levanta las manos. Sus dedos cortos se cierran alrededor de sus caderas. Sus nudillos blancos aprietan la tela del vestido.
Ella mueve las caderas. Se ajusta sobre él. El movimiento es lento y pesado. La lámpara de la mesilla proyecta sus sombras sobre la pared. La sombra de su pelo se mezcla con la de la planta verde.
La mesa marca el ritmo de sus acciones.
| Qué hacía ella | Qué hacía él |
|---|---|
| Se levanta | Permanece |
| Mira | Descansa |
| Baja | Recibe |
| Se posa | Aprieta |
| Se apoya | Sujeta |
| Se mueve | Espera |
Sus manos en sus caderas la guían. Ella se balancea hacia delante y hacia atrás. El movimiento empuja la tela de la colcha hacia los pies de la cama. La funda blanca se arruga. Los calcetines blancos de él no se mueven.
Ella inclina la cabeza hacia atrás. Su nuca toca el aire. Su pelo roza su propio vestido. Sus manos ya no soportan su peso. Sus antebrazos se tumban sobre el colchón. Sus dedos rozan la funda.
Él coloca sus manos a ambos lados de sus caderas. Empuja el cuerpo hacia arriba. Se endereza. Sus pies con los calcetines blancos buscan el suelo. Se pone de pie junto a la cama.
Ella gira sobre él. Sus manos se agarran a sus hombros por un instante. Luego se deslizan. Él da un paso atrás. Queda espacio entre ellos.
Ella se desliza hacia atrás sobre la colcha. Se recuesta. Su cuerpo ocupa el centro de la cama. Su falda rosa se arruga bajo ella. Sus piernas con las medias aún cuelgan del borde.
Sus manos yacen quietas a los lados. Las palmas miran hacia arriba. Los dedos con uñas largas se curvan ligeramente.
Él queda de pie al lado de la cama. Mira hacia abajo. La lámpara en la mesilla proyecta una sombra larga. La planta verde en la maceta permanece inmóvil.
Ella respira. Su pecho sube y baja. Un brazo se flexiona. La mano derecha se posa sobre su propio vientre. Los dedos se entrelazan levemente. Espera.
Ella se arrodilla en la cama frente a él. Sus manos con uñas largas se posan sobre sus muslos. Sus dedos presionan la tela de sus pantalones. Después, sus manos suben. Sus palmas se abren sobre su cinturón. Sus dedos trabajan en la hebilla. El metal suena contra sí mismo. La correa se desliza fuera de los pasadores.
Sus manos tiran de la cremallera. La abre. Sus manos se meten dentro. Sus nudillos rozan la tela de sus calzoncillos. Sus dedos los bajan. Sus uñas rosadas se hunden en la tela blanca. Ella los empuja hacia sus rodillas. Los calcetines blancos quedan al descubierto.
Ella se inclina hacia adelante. Su pelo claro cae sobre su rostro. Sus hombros se mueven hacia delante. Sus manos se colocan a ambos lados de su cadera. Sus dedos se cierran sobre su propia carne. Sus brazos se tensan. Su espalda forma una curva. Su cabeza desciende. Su boca se abre.
Él permanece sentado. Sus manos yacen a sus lados. Sus puños se aprietan contra el edredón. Sus nudillos se ponen blancos. Sus piernas están quietas. Sus pies con calcetines blancos permanecen planos sobre la alfombra.
Ella se mueve. Su cabeza sube y baja. Su ritmo es constante. Su pelo se mece. Una de sus manos suelta su cadera. Su brazo se extiende. Su mano busca apoyo en la cama. Sus dedos se entierran en la colcha.
El movimiento se acelera. Su respiración se vuelve audible. Su espalda se arquea más. Su cuerpo se tensa. Su mano en la cama agarra la colcha con fuerza. La tela se arruga bajo sus dedos.
Él se echa hacia atrás. Su cabeza golpea la cabecera de la cama. Un sonido sordo sale de su garganta. Sus manos se levantan. Sus dedos se clavan en sus muslos. Sus uñas blanquean la tela del pantalón.
Ella se detiene. Permanece quieta por un momento. Su espalda se relaja. Su mano suelta la colcha arrugada. Se endereza. Sus manos vuelven a sus muslos. Se queda arrodillada, quieta. La luz de la lámpara brilla sobre su vestido rosa y su sudor.